1. Contemplar
La sociedad del consumo, de la información y del conocimiento en la cual vivimos, desarrolla de manera acelerada pensamientos de placer, de tener y de poder, así como, la cultura de la muerte, como manifestaciones de una felicidad humana que debe alcanzarse en vista del corto tiempo por el que transitamos en el planeta Tierra.
Existiendo, en este sentido, ideologías equívocas que confunden la verdadera naturaleza humana y su alcance en cuanto a una felicidad absoluta y objetiva fundamentada en los principios de solidaridad y del bien común.
Por ello, el ensayo que a continuación pronunciaremos, se vuelve luz para contemplar, discernir y proponer, como al intentar el hombre ser feliz, se deja influir por filosofías que le conducen a una infelicidad que le trauma, decepcionándolo de su propia vida, sin embargo, veremos, es posible, en este siglo XXI una formación adecuada en cuanto al sentido y al propósito de vida, tanto en la realidad del hogar como en el ámbito laboral.
1.1. La humanidad no quiere la infelicidad
El ser humano busca espectáculo, requiere admirarse y descubrir nuevas experiencias, quiere saciar su deseo de placer, por ende, se deja ganar por el éxito, o por el dinero como centro de su vida asumiéndolo como principio para su felicidad, observamos una comercialización de viajes, de alimentos, de aventuras extremas e incluso de una educación formal como fines para lograr la plenitud humana, siendo en realidad medios para un bienestar más humano.
A pesar de todo esto, vivimos en un siglo donde aumentan los padecimientos de ansiedad y de depresión, algunas generadas por ese deseo de ser felices a toda costa, se nota un incremento en los divorcios, infidelidades y violencia, vivimos en un permisivismo, ideologías sin respaldo científico, un mal uso de la libertad, ateísmo, un uso desmedido de pantallas, de redes sociales, y aunque pareciera que la humanidad dispone de privilegios que otras generaciones nunca tuvieron, los vacíos existenciales se acrecientan, lo suicidios latentes, niños y adolescentes defraudados de quienes son, el acoso escolar y social se vuelve constante, mayores índices de vulnerabilidad, el mayor capital económico se centra en unos pocos, otros altamente endeudados, apareciendo mayores vicios humanos, así como, enfermedades de trasmisión sexual, generando todo esto, insatisfacción colectiva, es decir, humanidad infeliz, el opuesto al anhelo por naturaleza.
1.2. El anhelo humano, una felicidad objetiva
Proponiendo verdades objetivas y no relativas en cuanto a la felicidad humana, para Viktor Frankl, la felicidad está en comprender que la vida misma tiene sentido y propósito, que somos nosotros quienes debemos cambiar ante una realidad que no podemos modificar y que nos agobia. Es decir, la felicidad trasciende las circunstancias, es una decisión del espíritu que se autodetermina ante la vida misma, incluso en medio del sufrimiento o del dolor humano. Por ello, felicidad es aceptarse a uno mismo, es ser agradecido con quien soy, es poseerme, tener autocontrol emocional, es servir a otros y relacionarme de una manera bondadosa, dándole propósito a la existencia, y descubriendo sentido por el solo hecho de ser único e irrepetible, felicidad es tener autodominio de las pasiones, es saber gestionar las emociones, es cuidar nuestro cuerpo y nuestra mente de todo aquello que es contrario a el anhelo de plenitud. Para ello, la persona debe educarse, ser ético, responsabilizarse de su propia libertad y ser consecuente con los demás, no buscar el mal de nadie, tratar a los otros como el deseo que tiene de ser él tratado desde una perspectiva humanista y coherente con el bien humano.
La felicidad es cultivar una espiritualidad que ordene la inteligencia a la verdad y que instruya a la voluntad al bien mayor y común, es dirigir los actos humanos al bien ético y moral objetivo y en concordancia, que trata a todo el género humano con dignidad intrínseca por el solo respeto a la vida misma de cada ser humano.
2. Discernir
2.1. Humanización, felicidad llevada a la empresa
La crisis de valores, el relativismo, el sentir que la vida no tiene sentido y todos los pensamientos que son transmitidos rápidamente por las redes y medios de comunicación, necesariamente del mundo, llegan a la vida laboral, en este sentido, tanto los empleadores como los empleados se ven afectados de manera directa e indirecta, puesto que una persona que no le encuentra sentido a su vida, es poco probable que le encuentre sentido a su trabajo, y esto en cualquier nivel estructural o gerencial de la empresa.
Tal Ben Shahar nos da una herramienta para alcanzar el sentido de felicidad en la empresa, la gratitud y vivir en el presente, disfrutar aceptando nuestra realidad y transformar nosotros mismos la manera de pensar y de ver nuestro propio mundo, es decir, cuando yo no puedo variar una realidad, quien debe cambiar soy yo, descubriendo el sentido de aquello que hago, resultando en el bienestar personal y organizacional.
En este sentido, las empresas deben mirar a sus empleados como seres humanos, hacerlos sentirse seguros y valiosos en la compañía, y esto solo se logra con estrategias que reduzcan el pensamiento de ser un número o un instrumento del cual la organización se beneficia para alcanzar un capital económico a costa de la mano de obra o los esfuerzos de los menos remunerados.
Por ende, y en algún sentido, la felicidad del trabajador, desde una responsabilidad de la empresa, es mirar al empleado como persona humana, con realidades que deben ser consideradas, llevando a la práctica laboral posturas humanistas siempre a favor de la dignidad del recurso más importante para la empresa, su capital humano.
2.2. Libertad y responsabilidad, el amor como valor para la organización
La empresa al preocuparse por sus colaboradores asume una responsabilidad que le compete, a su vez, la libertad humana despierta un deseo intrínseco por hacer bien el trabajo, brota en el colaborador un sentimiento de gratitud hacia la empresa que al mismo tiempo se preocupa por él. Se vuelve reciproca la relación de ganar-ganar, favoreciendo vínculos, tanto humanos como de organización y estructura empresarial.
Por ende, hablamos del valor del amor desde una postura organizacional como concepto revelador y clave para promover afectos esenciales que fortalezcan los vínculos entre colaboradores, así como, la empresa promueva una respuesta fundamental a las necesidades humanas en ese sentido.
La libertad es responsabilizarse del bien común, es hacer lo correcto, el amor oblativo conduce a la persona humana a asumir su deber en la sociedad con libertad y responsabilidad.
3. Proponer
3.1 Felicidad en el trabajo, Felicidad en el hogar
Asumamos que una persona es muy feliz en su hogar, se lleva muy bien con su cónyuge y ama profundamente a sus hijos, vive desde el amor, amando, donándose y entregándose a los suyos, este sentido de plenitud le hace sentirse realizado, satisfecho con quien es, sabe cuál es su propósito y le encuentra sentido a la vida, amando la familia que tiene.
Ciertamente el trabajo no se considera una familia, pero la persona humana según el contexto laboral puede pasar más horas en su empresa, relacionándose con sus colegas de trabajo, que las horas diarias despierto que se relaciona con su familia. Es decir, el trabajo debe proporcionarle al trabajador el bienestar, la adecuada sensación de confianza, que despertando su compromiso pueda dar su 100% en su ámbito laboral, como familiar.
3.2. El cuidado de la integridad humana
Todo ser humano es digno, por ende, como ser integral es cuerpo, debe cultivarlo, cuidarlo, los vicios provocan infelicidad, intentan completar vacíos existenciales, por ello, es necesario alimentarse bien, dormir las horas adecuadas según el organismo, hacer ejercicio. Por otra parte, somos seres relacionales, y las amistades y buenas relaciones son determinantes en el bienestar humano.
Otro aspecto esencial es que somos seres emocionales, y debemos validar lo que sentimos, debemos gestionar nuestras emociones y controlar los impulsos para alcanzar plenitud y control de nuestra vida. De la misma forma, somos intelecto, que debemos educar para buscar la verdad objetiva en medio de tanto relativismo. Somos también espíritus encarnados, es decir, necesitamos ordenar las facultades que orientan la libertad al bien de los actos responsables humanos, y en este aspecto el hombre alcanza dominio de sí que es trascendente y consecuente con la propia felicidad humana.
3.3. La felicidad como el fin último de todo ser humano
Filosóficamente todo hombre anhela ser feliz, teniendo una sed de infinitud que trata de completar en muchos casos con materialismo, con relaciones efímeras humanas amorosas, con dinero o propiedades, con títulos o puestos, con el placer, entre otros. Sin embargo, la verdadera felicidad está en aceptarnos como somos, en saber quiénes somos, en conocer nuestra historia de vida, en descubrir hacia dónde vamos y por qué estamos en este lugar, siendo que, al respondernos superamos la incertidumbre de no saber para qué estamos y del por qué existimos, es decir, se descubre el verdadero propósito y sentido de existir.
3.4. La familia como eje social del bienestar humano
Siendo la familia célula fundamental de la sociedad, es en ella, donde se aprenden valores, se aprende a amar, y se experimenta ser amado, se respeta la vida, y la espiritualidad humana encuentra sentido al ser el hogar, reflejo de un anhelo trascendente.
En esta perspectiva el ser humano como ente social, educándose, pasa de este entorno(casa) a desenvolverse en los diferentes ámbitos sociales y laborales. Por ello, la importancia de fortalecer a la familia, de respetar su valor inalienable, de educarla para que los seres humanos llevemos desde el hogar lo aprendido desde una moral y ética enfocada en la verdad objetiva, para estimular la sana convivencia social, así como, destinados a proteger la dignidad de todo ser humano, inclúyase desde la realidad comunitaria en los entornos laborales.
